Aproximadamente 40 millones de personas en el mundo sufren Enfermedad de Alzheimer. Casi una Argentina entera de personas que por lo general son mayores de 60 años. Esta cifra, por cierto preocupante, sitúa al Alzheimer como la enfermedad Neurodegenerativa mas frecuente, con la proyección de que para 2050 el número de enfermos se verá duplicado a expensas de un mayor crecimiento de su incidencia en países no desarrollados y en vías de desarrollo.

 

Si bien esta cifra esta condicionada a la presencia de una población mas joven que en los países desarrollados, el estilo de vida y los factores vasculares también jugarían un rol importante. Existe significativa evidencia que indica que la obesidad, la inactividad intelectual y física, el cigarrillo y el bajo nivel educativo estarían ligados a mayor riesgo de Enfermedad de Alzheimer, y de acuerdo a un estudio holandés, la reducción de todos ellos redundaría en un riesgo 30% menor de sufrir esta Enfermedad.

 

En diciembre de 2013 en una reunión del G8 se definió a la Enfermedad de Alzheimer como una prioridad de salud y se puso el ambicioso límite de que para 2025 debería existir una cura o un tratamiento modificador de su evolución. Mucho se ha hecho desde entonces, desde el impacto del estilo de vida; sobre la susceptibilidad genética; los marcadores para diagnóstico temprano, y también sobre posibles tratamientos que pudieran modificar la evolución de la enfermedad.

 

El diagnóstico precoz no es un tema menor si se tiene en cuenta que las enfermedades Neurodegenerativas se inician muchos años antes de aparecer los síntomas, por tal motivo, quizás, cuando los síntomas son evidentes ya es tarde para aplicar tratamientos curativos o que modifiquen la línea de evolución de la enfermedad.  Portadores de mutaciones genéticas muy poco frecuentes como la Presenilina 1 y 2 o APP presentan un gran riesgo de sufrir la Enfermedad, mientras que portadores de APOE presentan un riesgo entre medio y moderado  pero siendo esta última  una mutación bastante frecuente en nuestra población.

 

Los estudios por imágenes de PET, ya sea aquellos que buscan depósito de Amiloide en la corteza del cerebro o la presencia de proteína Tau, ambos identificados como la posible causa de neurotoxicidad que conduce a la enfermedad, se encuentran ganando terreno dentro de la práctica clínica. También la búsqueda de los mismos en el líquido cefalorraquídeo, si bien es una práctica invasiva tendría un rol en el diagnóstico temprano.

 

El mayor esfuerzo de los investigadores hoy en día esta focalizado en la prevención del depósito de Amiloide a través de vacunas en desarrollo, drogas anti agregantes o incluso  moduladores inmunológicos anti-amiloide.

 

No hay dudas de que gracias al esfuerzo de los investigadores, esta compleja combinación  de esfuerzos para diagnóstico precoz y tratamiento  especifico, tarde o temprano tendrá sus frutos. Por ahora mejorar la calidad de vida y disminuir los factores de riesgo, no es un tema menor y está en nuestras manos.

 

 

Autor: Prof. Marcelo Merello

Titular de la materia Enfermedades Neurodegenerativas, Facultad de Ciencias Médicas de la UCA / Director Departamento de Neurociencias FLENI / Investigador CONICET

Fuente: UCA

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